martes, 10 de enero de 2012

Sin sueño.

Me encuentro tumbada en tu cama, intentando dormir mientras estoy abrazada a ti. Tengo los ojos cerrados, aun así no puedo evitar quitar esa gran sonrisa de mi cara al pensar que estás junto a mí. Me hace muy feliz saber que te encuentras a escasos centímetros de mí. Casi puedo sentir tu respiración en mi cara. Te abrazo. Te abrazo más fuerte y siento el aroma de tu piel, ese olor tan dulce, tan acogedor. Recorro tu pecho desnudo con mi mano, esa piel tan suave me hace estremecerme. Tú me besas la frente, mientras acaricias mi larga melena.
Ahora siento el roce de tus dedos por el lateral de mis caderas, un breve escalofrío recorre mi cuerpo, y me estremezco.
Tú respiración es cada vez más fuerte. Vuelvo a poner la mano sobre tu pecho. Vibra, cada vez más fuerte. Parece como si tu corazón quisiera salir de ahí.
Otra caricia. Un suspiro...
Me besas. Me susurras al oído todo lo que me quieres. Suspiro. Me muerdes el labio. Gimo. Aumenta la temperatura de nuestros cuerpos. Todo se vuelve apasionado. Intenso. Ya no siento tu piel. Te has unido a mí. Ahora sólo somos uno. Pero puedo sentirte dentro de mí. Siento una sensación de inmenso placer por todo mi cuerpo. Mi mente se aleja, se adentra en otro mundo, un mundo de sensaciones increíbles. Sensaciones que nunca había experimentado. O al menos no con tanta intensidad. Y es entonces cuando esa percepción aumenta, como el sprint final de una carrera. Y disminuye la velocidad hasta llegar al punto detenerse.
Ya puedo percibir tu cuerpo. Volvemos a ser dos almas. Y rápidamente caemos en un sueño profundo. Como antes, con una gran sonrisa dibujada en la cara, pero esta vez sí podemos dormir.


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